lunes, 21 de enero de 2008

Secuencial


Con una bocanada de humo, intenpestuosamente, voy a parecer en la esquina de tu casa, con mi cara de pocos amigos, con mis cejas de me importa muy poco, la boca casual y las manos en los bolsillos, algo encogido de hombros, como si fuese a estar sumergido en mi propia burbuja… pero las bolas, voy a estar ahí para simular una sorpresa, te voy a mirar con los ojos bien brillantes, con cuatro gotas de luz en cada uno, te voy a decir casi gritando un ¿Qué haces? y como quien persigue una basurita, de esas que siempre quedan sin barrer hasta en las más minuciosas limpiezas de cuaresma, voy a arrastrar mis ojos hacia tu puerta entreabierta, te voy (literalmente) a acorralar con la mirada, no te va a quedar otra más que decirme de tomar un café, o unos mates, o lo que venga que tengas en la alacena, o bien en la heladera. Y ahí voy a estar, con una charla extremadamente suelta y casual, como si no pudieses sacarme de mi camino, cuando en realidad vengo descarrilando desde hace como veintiún estaciones atrás. Ah… te voy a aturdir con mis historias sueltas, te voy a interrumpir cada dos minutos con mis asociaciones libres cuando hables, y vas a acotar que hablo mucho y voy a rematarte el comentario con un “en realidad soy más tímido de lo que la mayoría cree” y se que con eso te voy a ablandar el corazón y voy a tener un pedacito de el entre mis manos, y ahí vas a estar con la boca cerrada y mirándome fijo, con la mirada de águila tranquila, con la mirada de nido seguro. Sin más, voy a empujar la silla hacia atrás con mis piernas y me voy a incorporar de a poco, sosteniendo la mirada y diciéndote que me tengo que ir, que se me hace tarde, que estoy a full, que no me dan las horas del día para hacer las cosas y que siempre quiero hacer más y más porque se que te encanta eso, se que te morís cuando me ves así, soñador, ávido de proyectos y miles de quimeras y castillos de arena en nubes bien lejanas y a la vez tangibles, te ves en mi unos años atrás y te fascina saber que podes intervenir en lo que quizás, es una imitación, un capricho del tiempo (circular) que hace que las vidas similares se junten en distintos peldaños de la misma escala. Entonces vuelvo a mirar la puerta, pero esta vez, le tiro un zoom importantísimo, estilo largometraje ponja, te demuestro que me tengo que ir, más allá de que el alma se me desgarre de la carne y se quiera quedar dando vuelta en cada una de las habitaciones de tu casa, para después volver a la noche a mi cuerpo y contarme todo lo que hay allá. Entonces te parás, agarras las llaves al costado de la mesa, me acompañas hasta la puerta, la abrís. “Nos vemos che”

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