viernes, 21 de marzo de 2008
jueves, 20 de marzo de 2008
Fernando (III)

Y es en noches como estas en las que a Fernando se le complica el sueño, cuando llueve un rato y después la luna vuelve a salir, terminante en su afán de iluminar la ventana para que caiga un manto blanco-azulado en el colchón. Entonces él se sienta, con las manos pegadas a los márgenes de sus piernas, encogido de brazos y con la cabeza paralela al suelo… mira sus pies y los examina con los ojos perdidos. Lentamente deja que se abra un gabinete en la nuca, un gabinete bastante jodido en cuanto a intenciones. De allí empieza a surgir esa vocecita neutral que no se sabe si viene a cagarte a trompadas o a abrazarte, esa vocecita que no sabes si es hombre o mujer, algunos le dicen conciencia, otros, como Fernando, llaman a ese murmuro mudo y perverso “tormento” y empieza a entonar una y otra vez, secuencial… constante; como un hilito blanco que viene trepando desde el fondo de algún pozo “Estoy solo”. Y la voz se hace cada vez más audible, nítida y cárnica. Fernando sabe que está solo, y no el ‘solo’ de sin nadie a quién tener alguna noche, él no sufre mucho de esa carencia. Sabe que es la variedad de ‘solo’ más pesada, el 'solo' que es el hermano de la palabra soledad, el ‘solo’ que te acompaña en las fiestas más cuantiosas, el 'solo' que genera precipicios horizontales invisívles entre la gente más allá de que se estén rozando, o besando o teniendo algún tipo de sexo mecánico. Entonces recuerda viejas y frescas traiciones, dolores de abandonos empolvados, los amigos que dejó de necesitar, o los que dejaron de necesitarlo, se suman los nombres y la lista se hace borrosa, espiralada y hasta monotona y la lista se empieza a teñir de un gris acido y pesado ... entonces Fernando piensa y repiensa hasta que se deja vencer de nuevo por el sueño, para en horas empezar la rutina de la conquista barrial desesperada.
lunes, 10 de marzo de 2008
sábado, 1 de marzo de 2008
Ir bien lejos

Te voy a dejar y con la duda en la punta de la lengua, resonando en tu garganta.
Me voy a ir bien lejos, tanto que ni yo voy a saber donde estoy pisando, pero voy a seguir con esa manía absurda de ver todo con los ojos cargados de inocencia, o al menos fingiendo que todo simula ser nuevo.
Te voy a dejar y vas a quedarte ahí en tu silla, mientras yo voy a estar descociendo estrellas en alguna orilla que destile otras aguas que no sean las de tu nombre, o las de tus penas.
Me voy a ir bien lejos, tanto que voy a ser invisible a las redes de tus ya varias voces, me voy a ir, y voy a escapar de tu presencia y vos vas a estar ahí, buscando algo que ya no reclama ser tuyo.