
Son esos pasos muertos los que en el tiempo pesan, las cosas no dichas, lo que nunca pudo pasar. Es como la mandíbula de un ratón sin alimento por roer, o la angustia del 'casi' y la frustración del 'por poco', ese tinte gris que tiene bajo la superficie cualquier ilusión.
Es ese retazo de fuerza que queda ligado al pasado, que se transforma en la sinergia de un reloj que marca mecánica y sistemáticamente horas nulas. Un efecto parcial ante una totalidad destructiva, el resultado del afecto mal empleado, o bien el ajetreo pujante de una realidad poco deseable. Puede interpretarse como la compañía de algo inexistente, un eco mudo, un roce inerte y la parte ominosa de la vida.
La colateralidad de un beso, siempre resulta equivalente al deseo que se tuvo de obtenerlo y el desgarre del adiós, que es equitativo a la intempestuosidad de su llegada.
