A la noche parece que el mundo es otro, no se, será el poco ruido, o que Quilmes a veces es más pueblo que de costumbre. Se siente más el aire, los animales, aunque nocturnos, parecen más animales, al menos, el salvajismo del murciélago se mantiene en mayor grado que la sociabilidad de las palomas de las cuatro de la tarde.
A la noche hay cosas raras, no se, el reloj te sorprende y suena de golpe y pareciera ser que había sonado hace no más de cinco minutos, como que a la noche el tiempo se prolonga y acota con algún tipo de medida que escapa al raciocinio, pero a su vez, sigue en la constancia corta de todos los segundos
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