
Son como pedacitos de piel que voy dejando, cada vez que te hablo, es como desnudarme un poco más… se convierte como en un habito, del cual la vergüenza no es ajena, el miedo, el roce, o el beso de ese marzo no tan lejano. Ahí las paredes no importaban, en lo absoluto, podíamos fundirnos en ellas si no fuese por tu mente que mira mucho a los que miran.
Si sacudís los ojos así otra vez, se que te voy a volver a besar (por más que no quieras, me voy a abalanzar sobre tu boca con la mía abierta), podes hipnotizar con la borra de café que hay en ese par. Y me preguntaste “¿Qué hago?”, y yo quería decirte que me beses, como antes, como siempre quise que vuelvas a hacer, que caminemos unas cuadras más, que quería sentir un poco más tu perfume, que quería ver por un rato más como hacia pliegues tu ropa, o como tus patillas están tan cerca del ángulo de tus ojos, pero esa renuencia en tu pose minutos atrás hizo que diga que te vayas, que te alejes, para mi alegría (corta) y para la reflexión. Lo malo o aburrido primero, lo bueno o excitante después, ¿lo lento primero, lo rápido después, a caso?. Espero que te hayas divertido, que te haya divertido, espero que esas sonrisas hayan sido verdaderas y que no estés jugando con este jirón de emociones que se me desborda y sale por mi esternón como un liquido luminoso y apagado por la sugerente demora de tus pasos. No, no quiero revolverte las emociones, tampoco quiero apurarte los planes, interferirlos, abortarlos, pero quiero estar con tu cuerpo acá, al lado, que tus manos sean más atrevidas de lo usual, que tu piel empiece a ser más mía que tuya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario