
Y hay veces que para escapar al ruido de Buenos Aires, el se va un poco más lejos, al centro de la tierra, recuerda pésimos días o bien llegadas de paz… el ajetreo es constante dentro de Fernando, busca en cierto modo, destapar la olla, pero no quiere salpicar a los demás... sabe muy bien que es un intento algo inútil, sabe que no puede con sus penas y que, aunque sea destilándolas, las cuenta. La vulnerabilidad lo acecha, obviamente lo perturba, tiene esa costumbre del débil de exponerse a manos toscas e inventarles movimientos de seda calma, a gustos bruscos e imaginarlos como excentrisidades, a sonrisas de colmillos afilados y deslumbrarse por el brillo de ellas. Se reta, se castiga diciéndose que no va a aprender, diciéndose que la suya tranquilamente puede ser la historia de un vencido.
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